SOL GENERAL
Darío Vera
Nunca he estado en contra de quienes se ganan la vida organizando actividad deportiva, pues no puede ser siempre un gesto altruista debido a que, de entrada, se invierte el recurso no renovable más valioso que es el tiempo, además hay que poner energía y conocimiento a disposición del fomento de estas labores que, si bien son de recreación, contribuyen con la famosa reconstrucción del tejido social que a veces, por falta de alcances y otras por incompetencia, la autoridad no cubre.
En Victoria lamentablemente se juntó el hambre y la necesidad o lo que es lo mismo, la ignorancia con la incompetencia.
Por un lado, Carlos Pizaña, el malogrado jefe municipal del deporte que no se organiza ni una matatena, quiere aparecer como supermán cuando en las redes sociales se viraliza que un encuentro deportivo pasó justamente de una competencia leal a fricciones y hasta agresiones, salta a la escena con espada desenvainada para inmediatamente sin mediar palabra a cerrar canchas y suspender a los deportistas.
Y vaya, estamos de acuerdo con que no debe haber tolerancia a la violencia pero ¿y la chamba?
Dígame usted cuándo y dónde ha visto a este personaje entregando un balón, rehabilitando un espacio deportivo, organizando un torneo.
Hace unos meses cuestioné a su jefa Lorena Zapata quien en redes presumía la entrega de cinco balones de futbol y al preguntarle cuál es el presupuesto destinado en el presente ejercicio para el fomento al deporte, se limitó a responder que esos balones los compró de su bolsa.
Si, estamos en contra de la violencia, pero ¿cuándo atenderán las causas?, ¿cuándo se verá actividad real y comprometida en el ámbito deportivo? Amedrentar, castigar y amenazar no es trabajo.
Lastimosamente de forma oportunista, abusiva y ventajosa, hacen uso de un organismo advenedizo encabezado por gente improvisada, sin criterio y conocimiento, para intentar legitimar sus decisiones, como lo es la Unión de Ligas.
Este organismo artificial encabezado por alguien con profundo desconocimiento de los objetivos del deporte, como lo es Ramiro Rangel, se ha convertido en el brazo ejecutor de las fechorías de Pizaña, en perjuicio de los futbolistas de Victoria.
Guiados por complejos y rencores, alejados del humanismo en una de las áreas más nobles de la administración pública como lo es el deporte, cavan la tumba política no sólo de ellos sino también de sus jefes.
Que los compre quien no los conozca, pues en los campos de futbol ya no espantan a nadie y quedan pocos que aún les creen su etiqueta de autoridad, pues todo indica que no tardan en sacarles la tarjeta roja.

