SOL GENERAL
Darío Vera
A la una de la tarde, dentro de exactamente un mes, oficialmente nuestro país será sede de la tercera Copa del Mundo, siendo el único país en la historia de este evento en recibir la competencia… o al menos su inauguración.
Bajo una nube gris de dudas -y cuando no- la Selección Mexicana debutará en el partido inaugural frente al representativo de Sudáfrica, en una ceremonia que ya se anunció será una auténtica kermés amenizada por Los Ángeles Azules y Belinda, con unos destellos de folclore a cargo de Alejandro Fernández.
Evento al que muy pocos mexicanos tendremos acceso y no precisamente por las poco más de 80 mil butacas disponibles en el Estadio Azteca, sino por lo inaccesible de los boletos.
Desde hace tres años y medio que inició el proceso de venta de boletos, la FIFA estratégicamente generó una amplia expectativa que, de entrada, ya los encareció, pues para tener preferencia en la obtención de esos pases, había que cubrir una serie de requisitos durante todo este lapso que consistía de ir sumando puntos a través de compras estratégicas que te generaban una buena reputación como cliente, como una especie de buró, para después dejarte caer los tickets con altísimos costos.
No continuaré con la denuncia de los estratosféricos precios pues parecerá queja por no contar con los recursos para comprarlos (maldita pobreza), pero no se comparan con mundiales anteriores y lo peor es que muchos pensamos que se disfrutaría de forma mas cómoda de un partido, al ser en casa.
Al mal contexto deportivo y económico, súmele las reglas de FIFA para ser parte de “la fiesta”, pues ya anunciaron Fan Fest en las tres ciudades sedes del Mundial en nuestro país y hasta para eso hay que hacer fila digital, registrarse y a ver si nos dan chance de entrar.
Ya ni siquiera tocaré el desmadre bien organizado de la Secretaría de Educación Pública que primero dice una cosa y luego dice otra, pues, so pretexto de un ajuste del calendario, querían o quieren, dejar a los estudiantes libres un mes antes de lo acostumbrado para que se vayan a hacer desorden a su casa.
Si usted ha ido o me lee desde Monterrey, sabe lo que significa las serias deficiencias de transporte público y que las obras que el gobernador Samuel García, dijo que estarían listas, no van ni en tiempo ni en forma.
Jalisco, al igual que el resto del país, enfrenta serios problemas de inseguridad que pareciera solo se quieren tapar con el Mundial.
Hoy México no está listo pese a que hace ocho años nos avisaron que seríamos sede de 13 partidos de los 104 que conforman la vigésimo tercera edición de la Copa del Mundo que, aparte de todo, por primera vez un primer mandatario, en este caso la presidenta Claudia Sheinbaum, no estará para inaugurarlo.
A ver y le soy claro, no es el pesimismo lo que me caracteriza, pero por donde lo queramos ver, esto difícilmente se puede considerar una fiesta.
Tampoco descarto que México por ahí empiece con un triunfo y salgamos todos a gritar los goles, y la causa es justamente la misma: la eterna esperanza que esta selección haga algo, el caos que como país enfrentamos y la necesidad de celebrar algo.
Por mas albumnes, barajitas, llaveros, playeras y comerciales que nos han querido vender, la otra cara de la moneda resulta bastante triste, que no ha ayudado a generar una fiebre a la altura de este evento que podría incluso hacernos olvidar lo malo, si tan solo El Tri diera esperanzas de trascender, pero ahorita no se ve por dónde.
Son 30 días los que nos separan de la celebración deportiva más importante del planeta, mismos en los que usted y yo, más allá del cristal con que lo veamos, nos pongamos en la misma sintonía de lo que inevitablemente será un hecho histórico, solo falta que a quienes les toca, hagan de esto una auténtica fiesta.

