SOL GENERAL
Darío Vera
No es poca cosa la responsabilidad histórica que tienen en sus manos Ricardo Chávez Medrano y Jorge Alberto Urbina Sánchez, pues tienen dos opciones frente a ellos: o permitir que los jugadores se burlen, aún más, de la institución o defender la dignidad del Club Correcaminos con mano dura y autoridad.
Sí, ni Chávez Medrano ni Urbina Sánchez promovieron, aprobaron, ni contrataron a los elementos que hoy tiene en su plantilla el pajarraco azulnaranja, pero sí son ellos quienes en este momento pueden rescatar lo poco o mucho que quede por salvar en el Apertura 2025.
Si bien su labor es meramente deportiva y no administrativa, son ellos quienes en el parámetro del rendimiento futbolístico y los códigos de conducta aceptados en el seno de la institución puedan tomar decisiones que acaben de raíz con problemas actuales y prevenir futuros, para quien eventualmente llegue, ya sea como presidente o a hacerse de la dirección técnica de forma permanente, hallen un club depurado o mínimo, con menos preocupaciones de las que hoy tiene.
Me refiero principalmente al grave problema que se ha convertido el delantero uruguayo Joel Martínez Álvarez, quien el viernes se volvió a ver enfrascado en una situación por demás lamentable con la afición. Al día de hoy es el villano favorito de quienes acuden al Olímpico Victoria.
No recuerdo nunca haber visto y escuchado, que un gol de Correcaminos en el Marte R. Gómez provocara repudio, en lugar de alegría. Que, en lugar de una ovación al anotador, le trajera abucheos.
Ha habido jugadores poco carismáticos, otros de mucho futbol y poca simpatía, algunos intrascendentes que pase a lo mal o bien que jugaran, simplemente no hicieran click con la tribuna.
Pero de eso a ser odiado, hay una brecha grande.
Enfrascarse en constantes faltas de respeto y disputas con la afición, amerita inclusive la rescisión de contrato, como en su momento ha sucedido con otros jugadores, como fue el caso en su momento de Nidelson Silva de Melo o el mismo Gandhi Vega… claro, hablamos de tiempos donde había presidente, autoridad y carácter.
Que fueron Eugui y Garibaldi con su visión del futbol, su planeación y aplicación de recursos, los responsables del mal paso del equipo, eso simplemente a estas alturas del torneo ya ni siquiera es viable mencionarlo, pues con sus ceses, ambos han pagado sus errores.
Y mientras la Universidad Autónoma de Tamaulipas no genere las condiciones para establecer un nuevo control administrativo, llámese presidente, patronato, consejo o bajo el régimen que quieran plantearlo, la responsabilidad sigue siendo de los dos hombres en mención: el director deportivo y el director técnico.
A propósito, de risa que se anden candidateando personajes que poco o nada pueden aportar a la crisis en la que se encuentra sumido el club; claro, la llegada de personajes como Rafa Flores abarataron el cargo, pero no por ello tiene que ser así siempre.
Que no los engañen sus buenas relaciones temporales, ni un eventual golpe de suerte. Que la decisión que se tome sea producto de un análisis y un diagnóstico adecuado, no de ocurrencias ni palancas.

