SOL GENERAL
Darío Vera
Hace unas semanas, cuando la Universidad Autónoma de Tamaulipas decidió colocar un director deportivo, en la figura de Ricardo Chávez Medrano, me atreví a pronosticar que este torneo Correcaminos daría más de qué hablar fuera de la cancha que dentro de ella.
Y lamentablemente no me equivoqué.
Si bien hay mucho que decir sobre el desempeño del equipo y las razones deportivas de la crisis que hoy lo tiene sumido en las últimas posiciones de la tabla, todo es producto del desorden administrativo que viene arrastrando desde hace años.
La responsabilidad es compartida, tiene la culpa el que llega como el que se va.
La institucionalidad no existe.
Presidente que llega viene a satisfacer expectativas políticas, cumplir compromisos económicos, saciar ambiciones personales y a veces cumplir órdenes superiores.
Correcaminos se ha convertido en un medio y no en un fin.
Lo fue para Rafael Flores Alcocer, lo fue para Miguel Mansur, lo fue para Felipe Malibrán, David Ashdruval Martínez y Javier Garibaldi. Cada uno de ellos, en la parte que les toca, padres y autores de la peor época en la historia del club.
El reto es que no lo sea para quien venga.
Hasta hoy la silla sigue vacía y el miércoles se desconocía aún quien podía asumir la presidencia del club, que por razones administrativas necesita un presidente legalmente hablando y por obligación moral, requiere quien ponga orden.
Si la decisión de quien llega se basa por los mismos parámetros que los nombres antes mencionados, el fracaso está garantizado.
Si quien viene llega por ser compadre, amigo, esposo, yerno, sobrino o entenado de quienes toman las decisiones, difícilmente sucederá algo distinto que lo que hemos visto en los últimos diez años.
Correcaminos requiere alguien que le tenga poquito amor a los colores, pero más allá de eso, quien sienta vergüenza por su trabajo, ganas de querer hacerlo bien y que le duela cuando las cosas se hacen mal y resultan mal.
Pero más allá del romanticismo subjetivo, Correcaminos requiere orden, estrategia, visión, trato ejecutivo, un proyecto medible, visible y tangible.
Prácticamente necesita reinventarse y si no es ahora, ¿cuándo?.
A Jorge Urbina le quedan siete juegos y con la oportunidad de hacer ver minutos a los chavos, se irá deshaciendo de aquellos que ya cumplieron un ciclo en el club; primer paso para iniciar la limpia deportiva, después tendrá que venir la administrativa.
En lo formal, al pajarraco azulnaranja no le corre apuro por poner un presidente, pero sí por tomar decisiones claves rumbo a su futuro pues, si no empieza por eso, difícilmente la gente se creerá el cuento que ahora si viene la buena, cuando el ascenso se reactive y la escasa credibilidad que le queda, se irá por el caño si no demuestra seriedad.
Ojalá que la tardanza sea muestra de planificación y no de desinterés.
Al tiempo.

