SOL GENERAL
Darío Vera
El silencio de Javier Garibaldi, a casi 48 horas de la escandalosa derrota de Correcaminos, frente al Atlante, indican situaciones más graves de las que supone la crisis deportiva que atraviesa el pajarraco azulnaranja en el Apertura 2025.
Si tomamos como antecedente que la semana pasada las declaraciones tanto del director deportivo, Ricardo Chávez Medrano, el mismo presidente del club y posteriormente del rector de la UAT, Dámaso Anaya Alvarado, coincidían en la evaluación necesaria tras el resultado que se registrara el sábado, es lógico que hoy ya debe existir un diagnóstico y una decisión respecto al desempeño del equipo y el futuro del cuerpo técnico.
Evidentemente Héctor Hugo Eugui ve una realidad distinta a la de los más de 20 mil aficionados que han ido al estadio y que le abuchean a él y a sus jugadores.
Por eso es por lo que el timonel charrúa no va a poner en la mesa su renuncia. En su mundo, él no ve mal al equipo ni sus resultados.
Prácticamente eso mismo ve Javier Garibaldi quien por respeto, cariño o indiferencia, no va a mover un dedo para modificar la dirección técnica del equipo.
Yo pondría en la mesa la pregunta, ¿Javier Garibaldi está feliz siendo presidente del club?, ¿está cómodo, satisfecho, comprometido?
A propósito de ello, un escenario que no sería descabellado, es pensar que junto a la eventual partida de Eugui, quién también podría poner fin a su relación con el equipo es el mismo presidente.
Pero ambos casos en este momento no están sucediendo, por lo que todo indica que la famosa evaluación llegará después de enfrentar al Tampico-Madero el viernes en la edición 42 del Clásico Tamaulipeco.
Al filo de la navaja y con el riesgo de perder por primera vez en 29 años un derbi, postergarán la decisión basada en el fracaso no sólo de cortar una racha histórica, sino prácticamente decirle adiós a la posibilidad de calificación a liguilla y dar por concluido el torneo desde septiembre.
O le apostarán a la euforia de vencer al acérrimo rival para comprar tiempo de aquí a la conclusión de la campaña y empezar de cero otra vez en enero.
Eugui es el gran responsable, pero no el único, inclusive indirectamente responsabilizó a la institución de mandarlos en autobús a Zacatepec, por lo que pone en tela de duda la capacidad de quienes operan la cuestión logística en el equipo.
Pero aún más importante, jugadores que han concluido su ciclo en Correcaminos.
Javier Garibaldi desperdició la oportunidad el torneo pasado de hacer una limpia a propósito de la cloaca que se destapó en el caso de las apuestas.
Prefirió darse golpes de pecho y evitar el escándalo y no quiso hacer la depuración; hoy paga caro las consecuencias.
Ayer La Expresión hizo un ejercicio en redes sociales donde le preguntó a la afición, ¿quién debe de renunciar tras la crisis de resultados? La respuesta fue abrumadora: el 88% de los consultados respondió que ambos, Eugui-Garibaldi, deben entregarle su renuncia al rector.
Por resultados, por indisciplina, por falta de ética, por mal funcionamiento dentro de la cancha, por donde se le vea, hoy Correcaminos vive una situación crítica que se torna insostenible y es por ello que el cambio de técnico no se ha dado, porque probablemente no sea el único que se vaya y cuando el platillo tarda más tiempo en el horno, es porque las decisiones importantes se cuecen a fuego lento.

