SOL GENERAL
DARÍO VERA
La historia del Club Correcaminos está hoy en juego y no precisamente por la edición 42 del Clásico Tamaulipeco; el pajarraco azulnaranja debe poner en la balanza sus intereses, objetivos, plazos y prioridades de aquí, a lo que le depara el futuro.
Y no precisamente porque los tiempos venideros le estén esperando con premios o castigos, sino que únicamente aguardan a dar la recompensa que merece, acorde al trabajo que realice.
23 de septiembre de 2024: Javier Garibaldi asume la presidencia de Correcaminos, tras la renuncia de David Ashdruval Martínez Hernández.
A diferencia del saliente, quien entraba al quite tenía plena identificación con el club y con su historia. Fue capitán en el glorioso ascenso de junio de 1987. Futbolista tamaulipeco, nativo de Tampico, universitario de carrera y se quedó en Victoria a echar raíces. Amigo cercano del gobernador Américo Villarreal Anaya, aliado político y pocos o nulos negativos… ¿Qué podría salir mal?
Garibaldi de la Teja llegaba como cuña para provocar que Ashdruval, quien, sin merecerlo, había llegado bajo el cobijo de un grupo político ajeno al que ejerce el poder en turno, pusiera su renuncia en la mesa. Con beneplácito fue recibida. Se acabó el compromiso.
El alfil en este tablero, un director técnico: Paco Cortez, quien fue cesado por redes sociales sin consentimiento de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y el proceso que el Rector Dámaso Anaya defendía, no había sido respetado por el entonces presidente.
O se va él o me voy yo… y sí, se fue el tabasqueño.
Javier permitió a Paco terminar el torneo y, pese a que prometió que vendría la continuidad, ésta no se cumplió.
En noviembre lo invitó cordialmente a tomar al equipo de Tercera División. Cortez optó por dar las gracias. Camino libre para Garibaldi que a hierro mataba… sin saber que a hierro moriría.
Héctor Hugo Eugui era el carnicero que se convertiría en res.
No hubo buenos días para el uruguayo, al menos no en lo deportivo; la alegría de ganar un Clásico en casa fue una de las pocas sonrisas que se le vio en la cancha que 30 años atrás le ovacionó. No hubo liguilla, pese a que lo prometió.
Febrero fue crítico. Los ojos del mundo estuvieron en Victoria.
Una denuncia mediante correo electrónico, presuntamente de un casino, delataba a jugadores de Correcaminos ante la Federación Mexicana de Futbol por dejarse perder ante Celaya para cobrar cientos de miles de dólares en una casa de apuestas europea.
Garibaldi y Eugui no movieron ni un dedo. Que la Federación investigue, dijeron.
Un video incriminó a Francisco Tede, en otro amaño de juegos y se fue 16 años suspendido junto a jugadores de un club de tercera categoría.
Aquí Eugui lo encubrió y mientras el jugador fue sacado para responder ante autoridades federativas, el uruguayo dijo que atendía un problema de salud. Sabía la verdad y sobreprotegió, como después lo haría con Omar Rosas y en los últimos días con Capeluto, en indisciplinas de diversa índole.
Lo deportivo no va bien y 9 goles en contra en dos juegos, sentenciaron el rumbo de un entrenador que antes de responsabilizar a sus jugadores, primero culpó a la afición por abuchear, a la prensa por crear “otra verdad” a la suya, a la altura, a lo pesado de un viaje… pretextos y más pretextos.
Lunes 8 de septiembre de 2025: Eugui acudía a despedirse de su plantel, ya no era más director técnico. Pero Garibaldi explotó. Manoteaba, increpaba, se dio la media vuelta, se subió a su camioneta y ya no volvió. Su presidencia duró 350 días.
¿Existe urgencia por tener presidente?… ninguna.
Y puede que hoy sea anunciado Ricardo Chávez Medrano, no estaría mal. Pero ¿en realidad eso importa?
Hoy Correcaminos, más que necesitar un presidente, un director técnico interino o de planta o incluso, más allá de ganar un clásico, necesita certezas, un proyecto, visión, seguimiento, fiscalización, vigilancia y sobre todo: cumplimiento.
La oportunidad histórica que tienen en sus manos, los dueños del club, que no son los mismos que hace seis, diez, veinte o treinta años: la Universidad y el Gobierno, no se puede desaprovechar.
Correcaminos debe de sacrificar lo inmediato, por lo importante. Si, que se luche en la cancha con lo que se tiene, pero la prioridad es trazar una ruta clara, sin distracciones, ni medias tintas, rumbo a la temporada 2026-2027.
Un responsable total del proceso, un administrador de los tiempos, un planificador deportivo, un rostro que inspire confianza, un estratega comercial; todos en un equipo multidisciplinario que siente las bases de la verdadera competencia que vendrá una vez que concluya el mundial: la resurrección del ascenso.
Si Urbina y Naya rescatan la nave, ¡qué bueno! Ya no estaremos en ceros y si no, ¡ni modo! A seguir construyendo por la irresponsabilidad de quienes estuvieron nunca crearon proyectos institucionales sino personales, políticos o de negocios. ¿Qué vamos a hacer?, ¿llorar?, ¿culpar?, ¿maldecir?… ¡trabajar!
Pero trabajar en serio, con tiempos, ideas viables, resultados medibles y rendición de cuentas.
Sonará a utopía para algunos, claro. Y se estarán riendo aquellos que han vivido a costa de este equipo y que vegetan en sus oficinas sin ofrecer nada a cambio… tampoco tengo duda.
Pero el tiempo da la razón cuando quienes recién se fueron, se quedaron de brazos cruzados viendo de frente su casa arder.
Véanse en ese espejo, ¿así se quieren ver en un año?
El inexorable paso del tiempo jamás perdona, es hora de hacer una introspección, hablar de frente y con la verdad y definir en este momento y en este lugar, para el futbol tamaulipeco, para la Universidad y para Correcaminos: LO QUE IMPORTA.
Lo que importa
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