SOL GENERAL
Darío Vera
El paternalismo extremo y condescendiente que practica Héctor Hugo Eugui rebasó todos los límites, cuando el viernes pasado, luego que su equipo -jugando mal- fuera derrotado por los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y resulta que el uruguayo, reprochó y responsabilizó a los aficionados por el descalabro.
Directamente le cuestioné a “El Desalmado” Eugui si los abucheos de los que se quejó, mismos recibió su equipo de la parcialidad azulnaranja en las tribunas, afectaban el desempeño de los jugadores y su respuesta fue tajante: “claro, cómo no les va a afectar” (esboza una ligera sonrisa no sé si dé pena o donde ni el mismo se crea sus teorías) “si están aquí jugando en su estadio, estuvieran fuera no pasa nada, la gente aquí les tiene que reconocer, aparte aquí están sus familias, sufriendo en la grada”.
Por increíble que parezca, un hombre hecho en la vieja escuela está forjando una generación de futbolistas generación de cristal y quien sabe si los mismos jugadores, lo quieran o lo necesiten; le explico el por qué.
No quiero atribuirle a un tema en específico el comportamiento de Eugui Simoncelli, sus razones tendrán; el tema es que su realidad distorsionada es individual, pues el ánimo colectivo no puede estar equivocado.
Difícilmente los más de siete mil abucheos recibidos tras la conclusión del juego, en algo deben tener la razón, por más que diga que es su bronca si les gusta o no.
A Eugui se le olvidó que él es el responsable de lo que su equipo hace en la cancha, con la cuota repartida con los mismos futbolistas.
Sí es su problema lo que el equipo juega, si aburre o entretiene, si gana o pierde. Para eso se le contrató y si no da resultados, a las consecuencias habrá de atenerse.
Pero que la llamada de atención y la desaprobación masiva le sirva de alerta, porque hoy fueron abucheos, mañana van a ser lamentos por dejar ir puntos en casa, por recibir goles de vestidor, lloriqueos por no volver a calificar o que lo pongan de patitas en la calle.
Le decía yo; no sé y no creo que los jugadores agradezcan esos chiqueos y excesos de apapacho del tierno DT, pues ellos son los primeros avergonzados por perder, porque tal vez (y eso lo supongo) ni ellos entiendan lo que el entrenador quiere en el campo y es por eso que vemos un Daniel Cisneros lo mismo jugando de defensa que de delantero, a eso se le llama vergüenza deportiva y la frustración que siente, no coincide con la defensa ultranza del que viene y pide “no los abucheen, pobres de ellos y sus familias”.
¿Pobres?, pobres los aficionados que tienen 30 años sentándose en las calientes tribunas de concreto sin recibir nada a cambio, pobres los que tienen 60 torneos comprándose camisetas, boletos y Bono Bip’s, pobres los que viajan cientos de kilómetros esperando ver a un equipo que le dé la satisfacción de un triunfo, pobres los que creyeron que sacarlo del retiro por pura nostalgia iba a dar resultado, pobres los que van a regresar en quince días, pese a que el entrenador le importe poco o nada si a usted no le gusta que pierdan, ni como jueguen.
Increíble que, a un señor con 50 años en el futbol, hoy le tengamos que pedir que por lo que más quiera, analice lo que diga, pues aquí el único que falta al respeto con esas declaraciones, es él… ¡sea serio profe!.

