SOL GENERAL
Darío Vera
Dicen, y dicen bien, que “no saber de dónde vienes es el primer paso para no saber quién eres”, eso aplica a la perfección en el entorno del improvisado Club de Fútbol Correcaminos que, encerrado en una burbuja, asumen que todo lo que hacen, hacen bien.
Y no me refiero a la actitud de cerrazón que demostró en los últimos días Javier Garibaldi, quien se asume tan suficiente que no admite la llegada de un director deportivo, cosa que hablaremos más adelante, sino de todos aquellos aspectos que rodean al club y que no le permiten dar un estirón como institución profesional.
Dejemos de lado el aspecto deportivo, donde la falta de orden y planeación es evidente y se refleja en los resultados.
Vayamos a otros temas que son igual de importantes pero muy poco tomados en cuenta.
Mientras que el fútbol evoluciona y los clubes cubren aspectos integrales, Correcaminos parece sufrir regresiones y cada vez toma menos en cuenta detalles fundamentales como la relación con la afición, con la prensa, con patrocinadores y deja de atender temas integrales como la imagen, proyección de marca, relaciones públicas y la experiencia en el estadio.
Mientras que, recién lo decía, para Garibaldi era suficiente un presidente y un director técnico, fuera de esa esfera existen apenas unos cuantos cargos con funciones limitadas como un secretario técnico, un director operativo, el titular del área jurídica, el de la administrativa y párale de contar.
Le voy a hablar de algo que padecemos a diario y no me refiero al desempeño de las personas, pero sí a las libertades que se les niegan.
En el área de comunicación social, hasta el día de hoy y cuando está a unos meses de cumplir un año la nueva administración, el titular de este espacio aún no recibe formalmente su nombramiento (y quizás ni su sueldo); y pese a que desde que llegó Eugui dijo que habría puertas abiertas para todos los medios, nada más falso que eso: se abre el entrenamiento una vez a la semana y solo se permite entrevistar a uno o dos elementos que él mismo cuerpo técnico dispone.
El lunes que llegó el nuevo director deportivo, toda la práctica la tuvimos que ver de la calle y después bajar de sus coches tanto a Garibaldi como a Chávez Medrano en la vía pública para poder realizar nuestro trabajo.
La comodidad de un presupuesto seguro y proveniente de las arcas de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, los hace que se tiren a la hamaca de no disponer de un gerente comercial que formalice una estrategia que acerque a socios inversionistas que busquen proyectar la imagen de sus productos y empresas a través de patrocinios, por increíble que esto parezca.
No sé qué tipo de relación tengan con la empresa JAG Sportwear, que es la que le fabrica los uniformes, ropa de concentración, entrenamiento y otros artículos, pero más allá de la calidad, ayer fueron denunciados por trato discriminatorio a un aficionado y hasta el día de hoy, ni el club, ni la empresa propiedad de Jorge Alvarado, se han pronunciado al respecto.
Ya de la camiseta que anunciaron ayer mejor ni hablamos; una versión “retro” de quién sabe qué equipo, que al final hizo que hasta Correcaminos se arrepintiera y borrara la publicación, es más, hasta le respondió a un aficionado que no habrá uniforme nuevo porque ellos (quién sabe bajo qué criterio) estrenan uniforme en enero, pese a que los años futbolísticos inician en verano.
Hay, por ejemplo, en otros clubes, gerencias de fan experience, que se ocupan justamente de que los aficionados disfruten su visita al estadio y hagan de cada partido un recuerdo inolvidable, más allá del resultado de la cancha.
Dinámicas, activaciones, atracciones comerciales, pantallas, luces, promociones, entre otros atractivos dependen de su creatividad, talento y sobre todo voluntad. Pero aquí no hay nada de eso.
Mis respetos y total admiración para el aficionado de Victoria, el Correcaminos de hueso colorado, maltratado, poco consentido y con muy poco que festejar, pero que se retrata ahí en las tribunas torneo a torneo.
Si antes que se podía ascender, Correcaminos no lo lograba y aun así ilusionaba a sus seguidores, hoy que eso no existe, es el amor, la fidelidad o la costumbre, lo único que lleva gente a las gradas.
Fenómeno difícil de explicar, pero digno de reconocer el que protagoniza la fiel afición del pajarraco azulnaranja.
Y sí, desde ahorita le puedo firmar, ahí estarán haciendo una buena entrada, alentando, echando porras, gritando el tradicional “Correcaminos, Correcaminos”, llevándose su radio, poniéndose la camiseta, siendo incondicionales a su equipo… aunque solo reciban migajas de él.

