SOL GENERALPOR DARÍO VERA
Cuando Correcaminos se alistaba para disputar la temporada 87-88 de la Primera División Nacional, fue nota nacional por la euforia que causaba en Ciudad Victoria, reuniendo a más de diez mil aficionados únicamente para conocer a sus refuerzos de cara a su segunda campaña en el máximo circuito del fútbol nacional.
Los resultados deportivos no le respaldaban: en su temporada de debut había descendido de forma inmediata, pero el interés de un grupo de empresarios encabezados por José Ángel Cárdenas del Avellano, la directiva de Enrique de la Garza Ferrer y El Fuerte impulso del gobernador Américo Villarreal Guerra, hizo posible que Tamaulipas y su capital mantuviera el estatus de la máxima categoría, al comprar la franquicia del recién ascendido Coyotes Neza.
José Antonio García, amigo de De La Garza, accedió a vender el cupo en Primera, porque vio primero la oportunidad de negocio, segundo las ganas que tenían los tamaulipecos de mantenerse en esa división y tercero, que aquí las condiciones eran más favorables que en aquella conflictiva zona del Estado de México.
Así, fueron por don Carlos Miloc Pelachi, para armar un equipo competitivo, que levantaba dudas pues sus principales refuerzos eran unos centroamericanos desconocidos y que hoy, casi 40 años después, son recordados como leyendas.
La presentación fue nada menos que en la escalinata principal de Palacio de Gobierno; para que no quedara duda que si Victoria tenía Primera División, ya sabían a quién se lo debían.
Como si fuera 15 de septiembre, la plaza estaba tapizada de banderas y gritos; pero esta vez no eran verde, blanco y rojo, sino azul, naranja y blanco, mientras que los gritos no eran de Viva México, sino que cambiaron por un entonado “Correcaminos, Correcaminos”.
Teniendo ese altísimo parámetro, los años venideros, unos de éxito y otros de rotundo fracaso, sin importar quienes fueran los directivos, las formas siempre se cuidaron.
Vinieron presentaciones en el estadio, en hoteles, en eventos masivos y otros más privados, únicamente para los medios… hasta el martes pasado.
Bajo la sombra de un árbol, con un perro echado a los pies, enojados por las preguntas de la prensa, divididos entre los directivos, desinteresados por el proceso de certificación en la búsqueda de un virtual ascenso y por si fuera poco, presentando a 5 nuevos elementos de los cuales 3 sacaron del retiro, así se pinta de cuerpo entero la actual realidad de Correcaminos.
Lejos quedó la armonía y cercanía con la afición, impensable un trato amable a la prensa y ya ni siquiera digno a sus jugadores recién llegados.
Pero no, ni eso es lo más importante; ¿dónde queda el respeto a la institución?.
No Correcaminos pero si sus directivos, parecen empeñados dolosamente en hundir la imagen del que otrora fue el club más grande de la segunda categoría del fútbol mexicano, el que por 30 años ininterrumpidos ha jugado en esta categoría, el de la afición más fiel y los refuerzos bomba, el que siempre fue protagonista y hoy es solo una caricatura.
Increíble que una empresa local de tiendas de autoservicio, le ponga más empeño y muestre más emoción de incorporarse como patrocinador, que el club por arrancar una nueva temporada.
Ni uniforme nuevo y casi casi, ni ganas de competir.
Y todavía hay quien se queja por no tener presupuesto, en lugar de salir a buscarlo.
Si ni siquiera a su dueño (la Universidad Autónoma de Tamaulipas), le abren la puerta y lo ponen en un flyer como un simple patrocinador más.
Dicen que los cargos no hacen a la gente, sino la gente hace grandes los cargos. Hoy, la que fue una institución grande, ve sepultado ese gran tamaño, que fue algún día su prestigio, por actitudes diminutas.
A Correcaminos no se le ha olvidado cómo ser grande… el problema es que quienes hoy están ahí, nunca lo han sido.

