SOL GENERAL
Darío Vera
Durante los nueve años más recientes que iniciaron justamente en enero de 2016 y se han extendido hasta la última jornada del torneo Apertura 2025, la pobreza futbolística de Correcaminos se ha agudizado.
Desde las presidencias hasta las direcciones técnicas de cada uno de quienes ocuparon ambos cargos, cada una fue peor que la otra y eso se reflejaba, entre otras cosas, la falta de resultados, la ausencia de liguillas, la dispersión de la afición, la falta de producción de talento y la devaluación de la marca.
Cuando se creía que no podíamos estar peor, venía un nuevo técnico y un nuevo presidente que superaba negativamente al anterior; en forma y en fondo: Rafael Flores Alcocer fue muy malo, Miguel Mansur peor, Felipe del Ángel Malibrán pésimo, David Ashdruval Martínez deplorable y Javier Garibaldi fatal.
De los técnicos ni hablar. Mexicanos o extranjeros, jóvenes o veteranos, ofensivos o defensivos, a ninguno le fue bien, llámese Daniel Alcantar o Carlos Reinoso, Héctor Eugui o Raúl Gutiérrez. El que me diga, no hay uno que se salve.
Es por eso que llama la atención los comentarios que he recibido de quienes tuvieron la oportunidad de ver el funcionamiento o esbozos del mismo, del encuentro que el pasado sábado Correcaminos sostuvo ante la filial Sub 21 del Atlético San Luis.
Partido que se estipuló a puerta cerrada, pero al final ni Gustavo Díaz ni Armando Arce tuvieron objeción porque entraran los medios a ver el encuentro.
Gente de fútbol y compañeros del gremio, en charlas independientes una de la otra, me hablaron del pressing ofensivo, del desgaste en la parte alta del campo, de la línea de 5 con posesión de balón y mucha salida por las bandas.
Los más férreos defensores de los elementos de cantera lo admiten: a los chavos les va a costar ganarse un lugar en el 11 de Díaz Domínguez, pues la exigencia (razonada) es mucha.
Si, apenas va un sinodal y juvenil, usted me va a decir, pero quienes ya lo vieron me aseguran que difícilmente en etapas anteriores se vio una intención de fútbol como la que propone el técnico uruguayo, incluso que elementos que ya se fueron y no vale la pena mencionar, no habrían aguantado el ritmo de lo que el estratega charrúa exige ahora de su equipo.
Estaba tan arraigada la pobreza futbolística de los últimos años, que ver una intención como la que muestra ahora el pajarraco azulnaranja, se agradece.
Es importante que esa idea se consolide, que la comprendan los jugadores, que se la crean y se comprometan.
Correcaminos como institución se merece mejores tiempos; la afición debe tener argumentos para volver a la tribuna, para pagar un boleto y que reciba en retribución espectáculo, goles y triunfo.
Que Díaz y sus huestes nos acostumbren a ver buen trato de balón, idea y conjunción. Que con disposición y orden, sepulten el fútbol precario que tanto daño le ha hecho al representativo de la UAT… que vengan tiempos mejores.

