SOL GENERAL
Darío Vera
Ver celebrar al vecino del sur, solo significa una cosa: que Correcaminos está obligado a salir campeón, pues no se puede dar el lujo que la Jaiba Brava del Tampico Madero le restriegue su campeonato en la cara.
Así de claro. Duro y directo.
Siempre que alguien tiene un logro en el ámbito donde nosotros competimos, debemos observar sin envidias y sin egos, qué hizo bien para alcanzar el éxito; saber qué nos sirve para replicar y en qué falló para mejorarlo.
Por ello, guste o no, hoy tenemos que voltear a ver a quien tiene el trofeo en sus manos para tomarlo como ejemplo y tratar de emularlo lo más pronto posible.
Que hoy quien esté en los cuernos de la luna sea tu acérrimo rival, solo obliga a agachar la mirada, reconocer caballerosamente la calidad que le llevó a ser el mejor y trabajar inmediatamente para poder llegar a esas alturas.
No tengo duda que ni Gustavo “El Chavo” Díaz, ni Armando José Arce Serna, son los culpables de las crisis de la última década en Correcaminos, pero sí son responsables de lo que suceda a partir de hoy en un futuro y es ahí donde se debe construir la recuperación de la grandeza del pajarraco azulnaranja.
Esa responsabilidad hoy los orilla a pensar que cada acción que realicen, toda toma de decisión por mínima que sea tiene un objetivo: el campeonato.
Y si, también me queda claro que ellos no esperaban a que el Tampico saliera campeón para hacerlo, me van a decir que ellos no se fijan en lo que hacen los demás, que están ocupados en sus propios planes y todo lo que guste y mande, pero les aseguro que todo aquel que se precise de ser Correcaminos de hueso anaranjado, pudo sentir el coraje, la frustración, algunos la envidia o celos, de ver cómo los celestes tenían una fiesta en toda la zona conurbada el sábado pasado, pues en un año jugaron dos finales y ganaron una, mientras que aquí tenemos ocho años sin siquiera calificar a la liguilla.
Que si juegan de invitados, que si es un título decorativo, que como quiera no ascienden, que si esto o que si lo otro, sale sobrando; son campeones y es lo que cuenta.
No tengo por costumbre escribir para quedar bien y sé que quienes se niegan a ver la realidad van a decir, pues si tanto los quieres hazte, Jaibo; les puedo firmar con los ojos cerrados que no soy santo de la devoción de los seguidores del Tampico Madero, pero también les aseguro que nunca he andado de queda bien.
Si se enojan, pues me vale.
Pero reflejémonos en un espejo de éxito, aspiremos a la grandeza de quienes trepan a lo más alto del podio, aunque sea el Tampico.
Porque aquí, quienes tuvieron la posibilidad de darle grandeza a Correcaminos prefirieron únicamente engrosar sus cuentas bancarias por la buena o por la mala, y eso no es culpa suya ni mía, sino de quienes decidieron ponerlos ahí; es por eso que hoy solo queda poner manos a la obra y trabajar por ser grandes, por ser como los mejores, por darle una alegría a la afición, por ser campeón y levantar la copa, por acercarnos al retorno a Primera cuando haya posibilidad de hacerlo, por conectar con la gente, por recuperar la confianza de los inversionistas, porque nos pongan en el mapa por triunfadores y exitosos, porque se hable bien de Victoria gracias al triunfo, porque la gente salga a la calle con el orgullo de portar la playera, por alcanzar el éxito… por ser como el Tampico.

