SOL GENERAL
Darío Vera
Las Chivas Rayadas del Guadalajara vinieron a darle una cachetada a la Jaiba Brava del Tampico Madero, que bien sirvió para despertarlos a su realidad y hacerles ver que “ser de primera”, es nada más que un sueño guajiro.
Y no me refiero a las ciudades, la zona conurbada del sur del estado tiene un montón de virtudes gracias al poder adquisitivo que tanto la actividad portuaria como petrolera, le permiten ser tierra fértil para el espectáculo y la bonanza de inversionistas en el rubro que sea.
Su conectividad aérea, la cercanía con el centro del país vía terrestre y la infraestructura urbana que posee, superan por mucho a cualquier otro sitio de toda la geografía tamaulipeca.
La añoranza del buen representante que tuvieron en el plano futbolístico hace más o menos 50 años, conjugado con todos los factores antes mencionados, provocan luego que haya un sector que se confunda y crea cosas que no son, como ser plaza de primera.

Y no lo dice Darío Vera, lo dicen los hechos.
Con el anuncio de la visita del Rebaño Sagrado para un juego de corte amistoso el 4 de enero, la afición se volcó a las taquillas virtuales y físicas para agotar muy rápido los boletos; ilusos, muchos creyeron que la fiebre celeste llenaría las tribunas del Estadio Tamaulipas, olvidándose que enfrente tenían a uno de los equipos más populares del país, pese a que no vive un buen momento.
La primera bofetada se las dio la tribuna pintada de rojiblanco; los aficionados del Guadalajara superaban en un 70-30 por ciento a los asistentes que acudían en apoyo al cuadro local.
A la hora del juego y posterior a ello, se viralizaron imágenes del colorido del estadio: banderas, bengalas, pirotécnica, papel picado. Si fuera por eso, Tampico ya tendría varios campeonatos, pero la realidad es que ninguno de esos artefactos tiene cabida en el fútbol de liga de expansión, ni en la primera división.
La cereza del pastel fue el detestable comportamiento de un inadaptado que se cree dueño del estadio y corrió a un niño de una zona donde, según su limitada capacidad, no puede sentarse nadie del equipo contrario y bajo amenazas, lo “invitó” a cambiarse de lugar.
El espécimen ya fue vetado por la directiva de la Jaiba Brava y no podrá asistir en el torneo clausura 2025 al Estadio Tamaulipas. Ojalá lo boletinen y no entre a ningún estadio y por un buen tiempo, para que no vaya a salir algún imbécil que se le ocurra replicar esos comportamientos.
Si, al Tampico-Madero se le pueden reconocer muchas cosas, pero ninguna de ellas es de mérito para un ascenso automático: ni las lucecitas, ni los papelitos, ni su “aguante”. Primero hay que saberse comportar y, sobre todo, competir, pues no se olviden que juegan en Expansión por invitación y si se siguen portando mal, los devuelven a tercera.


