
Liliana Torres/La Expresión
En Ciudad Victoria. La señora Rocío Martínez Zúñiga y sus hijos Jesús Guadalupe y Rocío del Carmen de León Martínez a diario madrugan para preparar la comida de la vendimia; taquitos de picadillo, papita mexicana, huevito verde y flautas de frijoles con chorizo y picadillo, café, champurrado, avena y pan dulce.
Doña Rocío, de lunes a viernes, inicia su jornada laboral a las 4:00 de la madrugada para preparar los alimentos del día, el desempleo la obligó a ser una emprendedora en busca del sustento de su familia, y es que en diciembre perdió su trabajo con el cierre de la maquiladora Aptiv Uno.
Al ser el sustento principal de sus hijos, no podía quedarse viendo esperando pasar las fiestas decembrinas a ver si mejoraba su suerte, de inmediato puso en marcha su pequeño negocio; se instaló en la Torre Bicentenario a vender alimentos preparados “sabrosos y baratos”, de a cinco pesos el taquito.
Listos los alimentos ella y sus dos hijos menores se trasladan a la Torre Bicentenario, se instalan e inician su venta de 7:30 a 11:30 de la mañana, ingresos que le permitirán solventar las necesidades básicas del día.
Los hijos de Rocío, con orgullo comentan que para su madre no hay limitantes, siempre está un paso al frente en busca de oportunidades y con un “Plan B”.
“Siempre nos ha demostrado eso, le pregunté; mamá si se acaba esto de aquí (la venta en la Torre Bicentenario)… ¿Qué vamos hacer?…y me dijo; Ya tengo otro lugar a donde ir… éste era su segundo plan”, comentó Jesús Guadalupe estudiante de la carrera Energía Renovable del Tecnológico de Victoria.
Lo que reafirmó Rocío del Carmen asentando tímidamente, ella junto con su hermano a diario se levantan a las 5:30 de la mañana a apoyar a su mama en la preparación de alimentos, pues hay que sacar lo del día.
Mientras hablo con sus hijos, la señora Rocío de prisa atiende a uno de sus clientes y al terminar de servir el pedido, señala con orgullo que ha sido un gran reto proporcionar a sus hijos la tecnología que requieren para continuar sus estudios, pero por ellos todo esfuerzo lo vale.
“Sí, también vendo ropa, y cuando estaba en la maquiladora vendía dulces y sacaba para el diario de mis hijos, para los cuatro micros para que fueran a la escuela (previo a la pandemia)”.
Entre la vendimia y la plática, doña Roció reconoció la fortuna de que las autoridades responsables del edificio gubernamental y del Gobierno Municipal, le han permitido seguir con la venta sin problemas, “han sido compresivos y qué bueno que no hemos tenido problemas”.
Y como bien lo dijo, para las 11:30 de la mañana ya recogía su mesa, las hieleras con alimentos y un banquito, se le veía feliz con sus hijos terminando una jornada más de trabajo, mañana regresará a la misma hora y con el mismo entusiasmo.
Si la ve instalada, apóyela, almorzara sabroso con 30 pesos, pero sobre todo, estará ayudando a una buena madre en el cuidado y alimentación de sus hijos.


