Alejandro Paz / La Expresión
Ciudad Victoria, Tamaulipas. — Su hijo conducía el Chevrolet Cruze, eso no parecía estar ya en discusión.
Lo que el padre buscaba demostrar era algo distinto: que el adolescente de 17 años no había sido responsable del accidente.
Era noviembre de 2011, apenas habían pasado unos días desde el choque del 16 Olivia Ramírez cuando comenzó una disputa por establecer qué vehículo había provocado la tragedia.
Expreso publicó entonces, con base en versiones de funcionarios, que el propietario del Cruze y padre de su conductor había presentado una querella contra el Gobierno de Tamaulipas.
La misma publicación señaló que pretendía recurrir a un perito particular, como tercero en discordia, para demostrar que su hijo “no fue el culpable del accidente”.
La razón estaba escrita en las actuaciones de Tránsito.
EL VEHÍCULO UNO
En el denominado “Resumen de causas”, Tránsito Local atribuyó al vehículo uno —el Chevrolet Cruze— falta de precaución y pericia para conducir, no respetar la luz roja del semáforo y no ceder el paso a la unidad que tenía preferencia.
El documento fue más allá de enumerar esas circunstancias.
La conclusión estableció que terminaron “provocando el presente hecho […] por parte del vehículo uno”.
C.D.G.F., entonces de 17 años y hoy documentado por La Expresión como integrante del “Clan del Campestre”, aparecía en publicaciones de la época como conductor de ese automóvil.
Antes de aquella conclusión, El Diario de Victoria recogió en el lugar de los hechos una de las primeras versiones atribuidas al perito de Tránsito Local José Alfredo Fuentes Nava, quien ya colocaba al Chevrolet Cruze dentro de esa línea de investigación.
El croquis oficial elaborado por las autoridades detalló gráficamente la maniobra que detonó la colisión.
De acuerdo con el dictamen, el Cruze transitaba sobre la Avenida 16 y realizó un viraje a la izquierda para intentar incorporarse a la calle Olivia Ramírez.
Al ejecutar este movimiento a una velocidad de 20 y 30 kilómetros por hora, el conductor ignoró la luz roja del semáforo, cortando la circulación de la unidad oficial que avanzaba en sentido opuesto con la preferencia de la luz verde.
El documento pericial no solo remarcó esta falta de precaución al volante, sino que asentó un agravante: tras el impacto, el conductor responsable huyó del lugar, abandonando el automóvil y a sus propios acompañantes que se encontraban lesionados.
Mientras Tránsito avanzaba sobre las causas del choque, otra incógnita permanecía abierta: quién conducía la camioneta oficial.
“YO MANEJABA LA CAMIONETA”
Marcelino Loredo Huerta compareció después ante autoridades de la Procuraduría General de Justicia y reconoció que él conducía la Dodge Durango propiedad del Gobierno de Tamaulipas.
Marcelino explicó que después del impacto quedó aturdido, se puso nervioso y se retiró del lugar para recibir atención médica porque se le había elevado la presión.
También dio su versión sobre el momento del choque.
Dijo que circulaba de sur a norte por la calle 16 y que, al llegar a Olivia Ramírez, el Chevrolet Cruze se atravesó frente a su trayectoria.
Aunque declaró que no pudo evitar el golpe tras el repentino corte de circulación, los hallazgos técnicos expusieron un factor determinante en la fuerza de la colisión.
Especialistas viales estimaron que el vehículo oficial circulaba a una velocidad de entre 90 y 95 kilometros por hora al momento del siniestro.
Este registro contrastaba con el diseño y la normativa de la vialidad, ya que los semáforos inteligentes en ese tramo de la calle Olivia Ramírez operaban sincronizados para un flujo de tráfico de 50 kilómetros por hora.
Circular a casi el doble de esa capacidad anuló cualquier margen de percepción y reacción necesario para frenar a tiempo.
Su comparecencia despejó quién conducía la Durango, pero también dejó al descubierto una contradicción surgida desde las primeras horas.
Una mujer (su esposa) que viajaba en la camioneta oficial había sido señalada inicialmente como conductora.
Una publicación posterior, al dar cuenta de las actuaciones ministeriales, señaló que ella había afirmado ante agentes de Tránsito que manejaba la Durango y que sostuvo esa misma versión ante el Ministerio Público.
Después, Marcelino reconoció que él estaba al volante.
La investigación sobre aquella declaración siguió su propio curso.
Para entonces ya estaban identificados los conductores de ambas unidades.
Lo que permanecía en disputa era la responsabilidad sobre el choque.
La familia de C.D.G.F. buscó controvertir aquella conclusión mediante un peritaje particular.
Hasta ahí llegaron las respuestas de 2011.




