Alejandro Paz/ La Expresión
Ciudad Victoria, Tamaulipas. — La vida y la muerte de siete personas se cruzaron la madrugada del 12 de noviembre de 2011 en el 16 Olivia Ramírez.
Sus historias tomaron caminos distintos después de esa noche.
Tres murieron. Cuatro sobrevivieron.
Sin embargo, 15 años después, dos de ellos siguen unidos por las consecuencias de aquel choque.
Uno es un empresario vinculado a empresas que han obtenido múltiples contratos gubernamentales y que, de acuerdo con una investigación de La Expresión, forma parte del denominado “Clan del Campestre”.
El otro continuó su trayectoria en el servicio público y el accidente siguió su propio curso en los tribunales.
LOS UNIÓ EL MISMO CRUCERO
Era sábado.
Alrededor de las 00:30 horas, un Chevrolet Cruze y una Dodge Durango se impactaron en el cruce de la calle 16 y Olivia Ramírez, en Ciudad Victoria.
En el automóvil viajaban cinco jóvenes.
Tres de ellos murieron a consecuencia de las lesiones. Dos más sobrevivieron.
En la otra unidad, según los reportes de ese momento, viajaban Marcelino Loredo Huerta y una mujer.
Al lugar se movilizaron ambulancias, bomberos, agentes de Tránsito y unidades de rescate con equipo hidráulico para liberar a algunos de sus ocupantes.
La Durango terminó contra un poste de concreto. El Cruze quedó sobre la banqueta.
En cuestión de minutos, el crucero se convirtió en el escenario de una investigación que se extendería mucho más allá de aquella madrugada.
LA CAMIONETA ERA PROPIEDAD DEL ESTADO
Había un elemento que distinguía a uno de los vehículos: la Dodge Durango modelo 2009 no pertenecía a Marcelino Loredo Huerta; estaba asignada al Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, del Gobierno de Tamaulipas.
La camioneta quedó a disposición de las autoridades junto con el Chevrolet Cruze, mientras comenzaron las diligencias para establecer la mecánica de la colisión.
Lo ocurrido empezó a ocupar espacios en la prensa local.
El Diario de Victoria, Expreso y El Mercurio dieron seguimiento al caso.
Las primeras publicaciones reconstruyeron el accidente con la información disponible en esas horas: el lugar del impacto, las víctimas, los lesionados, los vehículos involucrados y las primeras versiones recabadas después del choque.
Pero la historia comenzó a modificarse conforme aparecieron nuevos datos.
Quién estaba al volante de cada unidad se convirtió en uno de los puntos relevantes de la investigación.
Las versiones difundidas inicialmente no fueron uniformes.
Horas después del accidente todavía faltaban piezas para reconstruir lo ocurrido segundos antes de que ambos vehículos coincidieran en el crucero.
Las autoridades comenzaron entonces a buscar esas respuestas en otro sitio: los indicios.
LAS HUELLAS QUE QUEDARON EN EL CRUCERO
Después de atender a las víctimas, el lugar tenía que hablar.
La posición final de las unidades, los daños, las trayectorias, el punto de contacto y las condiciones del crucero formaban parte de los elementos que podían ayudar a reconstruir el choque.
También estaba el semáforo.
La entonces Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas abrió la investigación correspondiente.
Con el paso de los días, el expediente comenzó a incorporar declaraciones, actuaciones ministeriales y estudios técnicos.
El accidente dejaba de ser únicamente lo que habían visto quienes llegaron al crucero.
Años después, aquellos hechos formarían parte de un proceso penal por homicidio, daño en propiedad y lesiones culposas.
LA APARICIÓN DEL “CLAN DEL CAMPESTRE”
Entre los sobrevivientes estaba C.D.G.F.
Tenía 17 años.
En actuaciones judiciales, su identidad permanece reservada por haber sido menor de edad cuando ocurrieron los hechos.
Para efectos de esta reconstrucción, La Expresión lo identifica por las iniciales utilizadas para referirse a él dentro del caso de 2011.
En las actuaciones relacionadas con la otra unidad apareció el nombre de Marcelino Loredo Huerta.
Funcionario estatal y relacionado con la camioneta oficial, su participación sería objeto de las diligencias que comenzaron después del accidente.
Lo que ocurrió con cada uno después tomaría rumbos completamente diferentes.
Quince años después, la investigación de La Expresión sobre el denominado “Clan del Campestre” se conectó con C.D.G.F.
La revisión de registros mercantiles permitió documentar su participación en sociedades vinculadas con el grupo empresarial investigado por este medio.
Sin embargo, la búsqueda hacia atrás condujo hasta el 16 Olivia Ramírez.
Ahí aparecía una historia anterior a las empresas, los contratos y las sociedades mercantiles: la de un adolescente que había sobrevivido a un choque en el que tres de sus acompañantes murieron.

