Redacción/LaExpresión
CIUDAD VICTORIA. —La negligencia y la falta de protocolos de seguridad han envuelto la tragedia ocurrida en los trabajos de construcción de la segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria, dijo Juan Arturo Cárdenas padre del joven de 20 años que perdió la vida.
Manifestó su profundo dolor e impotencia ante la falta de respuestas claras por parte de los responsables de la obra, señalando que la empresa constructora ha mantenido un silencio absoluto y que, hasta el momento, el Gobierno tampoco se ha acercado para ofrecerle algún tipo de apoyo o acompañamiento en este proceso.
El calvario de la familia comenzó la noche del incidente, cuando José Arturo Cárdenas fue notificado de los hechos no por los canales oficiales o personal de la compañía, sino por su otro hijo, quien a su vez fue contactado de forma indirecta por un amigo de la víctima alrededor de las 21:00 horas.
Según los reportes iniciales recabados por los propios familiares, el fatal suceso ocurrió cerca de las 17:00 horas, poco después de que el joven compartiera su última actualización de estado en redes sociales a las 16:00 horas, donde se le veía desempeñando labores de banderero y ayudante general en el sitio.
El joven, quien se encontraba soltero y no tenía hijos, tenía poco más de seis meses trabajando de manera continua para este proyecto de infraestructura hidráulica.
La indignación de los deudos aumenta al constatar que las labores en la zona de la tragedia se han limitado al desazolve de los pozos y a la extracción del agua acumulada, sin que ningún directivo o supervisor ofrezca una explicación técnica y coherente sobre la ruptura del ducto.
La versión preliminar que recibió el padre de la víctima sostiene que la tubería se reventó intempestivamente, permitiendo que cuatro trabajadores lograran ponerse a salvo, mientras que su hijo, presuntamente distraído, fue golpeado de lleno por la fuerte presión del agua.
Juan Arturo Cárdenas cuestionó duramente esta versión y sugirió una evidente falta de pericia en los procedimientos, argumentando que, ante cualquier reparación o interconexión de esa magnitud, el sentido común dicta que se debe cortar el suministro del líquido previamente para evitar que la presión destruya la zona de trabajo o ponga en riesgo la integridad del personal.

