Redacción/LaExpresión
NUEVO LAREDO, Tamaulipas. —Ante el bajo caudal del río Bravo, que apenas alcanza los 27 centímetros, las plantas potabilizadoras enfrentan serias dificultades para captar y tratar el líquido, provocando cortes y suministro intermitente en colonias de alta vulnerabilidad, informó la a Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Comapa). Los técnicos han implementado ajustes para mantener la operación, pero el margen de maniobra es mínimo.
El panorama ha escalado a nivel estatal. La falta de lluvias, el agotamiento de la cuenca y las extracciones aguas arriba, tanto en México como en Estados Unidos, han convertido al Bravo en uno de los ríos más presionados del continente, según especialistas en gestión hídrica.
Las consecuencias ya se sienten: restricciones agrícolas, baja presión en las redes urbanas, afectaciones sanitarias y pérdida de productividad. A esto se suma el temor de que los próximos meses agraven la crisis si no se toman medidas drásticas.
Organizaciones civiles y ambientalistas han comenzado a movilizarse con brigadas informativas para promover el ahorro del agua, al tiempo que exigen al Congreso de Tamaulipas legislar de forma urgente sobre el uso responsable y sustentable del recurso.
Expertos señalan que se necesita un plan binacional de manejo del río Bravo, coordinado entre México y Estados Unidos, que contemple desde obras de infraestructura hasta un rediseño del reparto de agua.
La sequía en el norte del país ya no es un fenómeno estacional, advierten: es una amenaza estructural y creciente que pone en riesgo la vida cotidiana, la producción y la salud de millones de personas.

