Liliana Torres/La Expresión
En Ciudad Victoria. Toda una odisea vivieron las señoras María Elvia Reyes Garza, de 82 años, y Leonor Báez Aguilar, de 66 años, para cumplir su sueño de ser vacunadas contra el Covid-19.

Las amigas de la tercera edad, madrugaron para hacer fila desde las cinco de la mañana en el Drive Thru del Polyforum; pero a medio camino del estacionamiento, donde se instaló el módulo, se quedaron sin gasolina.
Caminaron hasta llegar al punto de vacunación, con la esperanza de que al explicar su situación y que el vehículo las dejó tiradas en la fila, habría un poco de compresión, pero no, las reglas eran claras y no podían romperse para evitar conflictos.

Este rotundo no, justificado por la logística del proceso de vacunación, no detuvo a María Elvia y su amiga Leonor. Cansadas y angustiadas pedían “raid” a quienes tenían lugar en su vehículo; les decían que sí que se subieran, pero los servidores de la nación les decían que no se podía.
Ya era su segundo no del día, cansadas se tomaron unos minutos para descansar en la escalinata de la Casa de la Tierra, a unos metros de donde estaba instalada la carpa de vacunación.

Después de un respiro, María Elvia se levantó, la siguió Leonor, y a paso lento cojeando, volvieron a la fila de vehículos a pedir “raid” fue entonces cuando finalmente encontraron el sí que buscaban.
“Oiga me puedo subir con usted, es que nos quedamos sin gasolina”, le dijo María Elvia a Doris Rodríguez; quien conducía hacia el puesto de vacunación con su hermana Georgina, “claro que sí”, le dijo su nueva amiga.

Enseguida, María Elvia, se lanzó en busca del sí, del servidor de la Nación; “por favor, me puedo subir con ellas, es que nos quedamos sin gasolina”, le explicó al personal que apoyaba con la revisión de la documentación requerida.

¿Ya trae su folio?… le cuestionó el joven… ¡sí!, exclamó gustosa María Elvia…“pues súbase”, le respondió el colaborador de Bienestar Social federal.

Por fin, después de más de cinco horas de espera y caminata, llegaron al punto de vacunación, en donde ni un minuto se tardaron en recibir la vacuna, posterior se trasladaron al punto de observación donde estuvieron otra media hora.

Tras horas de una fila kilométrica que como serpiente daba vueltas dentro del parque Bicentenario, alrededor de la torre por el libramiento y hasta el puente de La Moderna ida y vuelta, su vehículo se detuvo pues se había quedado sin gasolina.
Doña María Elvia platica que su nieta las llevaba en su vehículo a ella y a doña Leonor, cuando se quedaron sin combustible, “Llegamos a la cinco de la mañana al estacionamiento, después nos sacaron al boulevard hacer fila”.
Con la voz quebrada y contenta a la vez, María Elvia agradeció a Doris y a su hermana Georgina haberse detenido sin dudar para ayudarlas a llegar por su vacuna.
“Gracias a Dios que puso aquí sus ángeles y aquí venimos porque Dios es grande”, le dijo a María Elvia a Doris. “Estoy muy contenta y agradecida con Dios. Me encomiendo a Él para que todo salga bien”, agregó Leonor.
“No dude en subirlas, porque tengo la misma edad y este favor no se le niega a nadie, y menos a quienes estaban batallando por encontrar lo que necesitan”, dijo por su parte Doris.
Ya en el punto de observación, mientras pasaba la media hora reglamentaria en espera de que no se presentaran reacciones, se quedaron las cuatro, hablando, conociéndose, felices y agradecidas por ganarle a la pandemia del Covid-19.

