Información/Rufino Aguilera
En Ciudad Madero. Con paso corto pero firme, así es el andar de doña Eunis, que a sus 70 años de edad camina por la floja arena de playa Miramar para ofrecer sus frituras y así poder sacar la venta del día y llevar algo de comer a su casa.
Encomendada a Dios, todos los días, sale de casa sin importar que llueva, truene o relampaguee; para ella no hay descanso. Mantiene su entereza para andar sobre cualquier terreno, pues no tiene familia quien vea por su estabilidad, por lo que no puede perder el tiempo, ni pensar en el #QuédateEnCasa.
Sus manos que refleja años de trabajo, su postura encorvada de cansancio y sus frágiles pies que todavía pueden sostenerla, son las huellas de qué su vida no ha sido fácil y que, aún siendo población vulnerable, tiene que enfrentar al mortal Coronavirus, pues no hay otra forma de que a su casa llegue ingreso económico, si no es por ella misma que ofrece sus deliciosos chicharrones o cacahuates con su respectiva salsa.
Vive en la calle C4 del fraccionamiento Miramar muy cerca de la playa en Ciudad Madero, ahí renta un pequeño cuarto. Así son las mujeres que hoy en día afrontan una triste realidad, pero que al tener salud, fuerza y una sonrisa a la vida, le ayuda a vender y traer en su monedero unos cuantos pesos, señalando que valió la pena el día trabajado, aunque también reconoció qué hay días malos.
Eunis, perdió a su único hijo; se fue en busca del “sueño americano” y jamás volvió a saber de él. No tiene la esperanza de encontrase algún día, lo que si tiene muy presente son sus hermanos de fe, de la Iglesia a donde va y se congrega para buscar el cobijo de Dios.


