
Entrevistados narran “calvario” al que se enfrentan para sobrevivir, en medio de una situación por demás insoportable, fruto de la pandemia y la crisis económica que va de la mano.
Información/Christian Rivera
En Ciudad Victoria.- Figúrese despertar un domingo a las cuatro de la mañana para ir a trabajar, montar su puesto semifijo con la esperanza de ganarse el pan de cada día y toparse con que, a las dos de la tarde, sólo vendió 100 pesos.
Por un lado, el temor de contagiarse de Covid-19 y por el otro que las autoridades sanitarias te lleguen de sorpresa y te den la noticia: Debe cerrar su negocio.
Esa es la realidad de cientos de victorenses que se instalan cada domingo en el tianguis de la Avenida de La Paz.
Ángeles es una mujer de 50 años que vende enseres, artículos domésticos y flores afuera de su casa, quien cree firmemente que las personas están muriendo más de hambre que del Coronavirus.
“Más que nada se está muriendo de hambre la gente, nomás que le echan la culpa al virus, pero eso no es cierto, yo digo que más que nada es que la gente también en qué trabajan, no hay trabajo ahorita y dinero menos”, comentó la señora Ángeles, quien pone su puesto en el tianguis para brindarle a su hija ayuda económica, quien vive sola y es madre soltera.
La mujer hizo un llamado de auxilio a las autoridades para salvar su negocio, ya que sus ventas cayeron hasta un cien por ciento, en comparación a los meses anteriores de la pandemia: “Hay días en los que no vendo nada y estoy aquí hasta las dos de la tarde”.
“Han bajado mucho las ventas porque no nos dejan trabajar. Y mucha gente viene y pregunta y no se lleva nada y uno se lleva aquí toda la mañana”.
Así como María, Liliana y Ramón coincidieron en que se requiere un espacio establecido donde puedan trabajar y aumentar sus ventas, ya que con las restricciones del decreto gubernamental, por la pandemia, sus ingresos y la zozobra de un futuro incierto, consume su estado físico y mental.
“Somos los que estamos así y necesitamos el apoyo. Se batalla bastante. A veces vendemos un par de zapatitos en 30 pesos y ya”.
A la par, Liliana, vendedora de ropa de segunda mano, llega a las cinco de la mañana a instalarse al tianguis, cuando las condiciones climatológicas lo ameritan; cuando no tiene que esperar hasta la próxima semana para intentarlo de nuevo.
Con un negocio familiar de 45 años de trascendencia, dijo que el 2020 fue el año más duro desde que tiene memoria cuando su madre era la se levantaba por la madrugada para instalarse en el tianguis: “Esos eran buenos tiempos. Sí se vendía”.
Teme que en los próximos 15 días sean los tianguis los que deberán cerrar durante la primera quincena de febrero, ya que al invertir en productos y para cumplir con los filtros sanitarios, será un duro golpe para ellos y los que viven del comercio.
Por un lado se sienten desprotegidos por parte de la autoridad y además sin respaldo de los clientes que se niegan a usar el cubrebocas y respetar la sana distancia, ya que al llamarles la atención se enojan y deciden irse a otro negocio para comprarles.
“Por culpa de esas personas, la verdad, estamos como estamos, porque ellos no se cuidan y así va a seguir creciendo esto, y va a seguir la enfermedad, dando y dando. Es un cuento de nunca acabar”.
Don Ramón es carnicero y dependen de él nueve personas, ingreso que obtiene durante la venta de carne de puerco en un puesto semifijo del tianguis La Paz, misma que se ha ido a pique desde los últimos meses.
“Esas personas dependen de mí, pero también hay proveedores y les ha bajado porque si yo les consumía diez puercos a la semana, ahorita le consumo cuatro. Todo es una escala”.
Consideró que más que permitirles trabajar, las autoridades deben mostrar empatía con los pequeños comerciantes como él, ofreciendo un respaldo que los haga sentirse protegidos y no a la deriva, como ha sucedido en los últimos meses.
“Dentro de lo que cabe está bien, pero también tenemos que poner de nuestra parte. A veces la gente se retira y para nosotros es para abajo, se nos va la venta para abajo”.
No todo es malo, aclaró, pues en las últimas dos semanas la venta en su negocio ha tenido un ligero repunte a las anteriores, esto derivado del cierre de otros negocios que no pudieron sobrevivir a la pandemia y quebraron.
“No pensamos en cerrar, pensamos en echarle ganar y hacer una unión para poder salir adelante, porque el Gobierno no nos apoya, económicamente no nos ha apoyado”.
El Gobierno, dijo, debería brindar apoyo a los pequeños comerciantes que han sufrido toda la pandemia, por la crisis económica y de salud: “Si tuviéramos (apoyo) a lo mejor no hubiera tanta presión de nosotros de aferrarnos a estar trabajando aquí”.


