Pitt Martínez / La Expresión
En Ciudad Victoria. La temperatura al mediodía de este lunes rondaba los 33 grados centígrados en la sombra y con un abrasador sol que hace que te ahogues a la intemperie.
En medio del mar de autos, en la calle del 22 Carrera Torres, grandes lenguas de fuego se pueden apreciar a mitad de la vialidad, cuando el semáforo se pone en rojo, de poniente a oriente de la Capital.
Se llama Martín Charles Martínez, tiene 40 años, padre de dos: Un niño de ocho y una niña que va a cumplir nueve años. Vive en la colonia Nacozari, en la calle 28 Privada Iturbide.
Igual que los dragones que aparecen en las leyendas, Martín también lanza fuego por la boca, como una forma para sobrevivir, para sacar el sustento diario que lleva a su hogar.
Los vecinos de la zona donde monta su espectáculo de fuego lo identifican y lo apoyan. Le dan comida y hasta un lugar para guardar sus cosas.
Los automovilistas que también lo conocen, porque tiene años de estar en esa zona, le regalan comida, la moneda; y de moneda en moneda completa el gasto del hogar, el alimento de los suyos.
“Gracias por la moneda, que Dios los bendiga y les dé más”, dice Martín cuando se le pregunta qué pasa en ese breve instante en que el conductor del automóvil lo ayuda.
Antes de lanzar fuego por la boca, Martín limpiaba terrenos y lavaba carros, pero él mismo reconoce que haciendo esta peligrosa labor es como mejor le va en lo económico para sacar el sustento diario.

