SOL GENERAL
Darío Vera
El 25 de noviembre cuando fue presentado como director técnico de Correcaminos, Héctor Hugo Eugui Simoncelli levantó polémica entre el gremio periodístico.
Al concluir la rueda de prensa donde Javier Garibaldi le colocó la camiseta del equipo de la UAT a su máximo mentor futbolístico, pues lo hizo capitán de aquel equipo que se coronaría campeón a la postre en el ya lejano 1987, los compañeros de los medios de comunicación empezamos a intercambiar puntos de vista sobre la llegada del charrúa.
Hubo de todo: aquellos que por nostalgia y aprecio a la persona, se mostraron ilusionados con su llegada; otros que afirmaron que ahora sí el equipo tomaría rumbo firme con la experiencia del hombre de casi ocho décadas de vida y muchas de ellas dedicadas al balompié y otro sector que, de plano, no le vieron futuro pues lo consideraron obsoleto ya que tenía más de siete años sin dirigir.
Los testigos no me dejarán mentir, cuando me preguntaron mi opinión, me limité a decir: prefiero ser historiador que profeta.
En la confianza que nos dan los años de trabajo y convivencia con el gremio, expuse que hay quienes cuentan con credenciales y a veces la vigencia es relativa, en el caso de una persona que se había manejado, hasta entonces, con seriedad en el fútbol y con un colmillo largo y retorcido, merecía al menos el beneficio de la duda.
Hoy, seis meses después, les digo a esos detractores que tenían razón.
Porque después de un torneo donde él mismo se fijó la meta de calificar “porque aquí los últimos ocho años se han hecho las cosas mal” (cito textualmente), sin haberlo conseguido; después de no haber debutado ni darle seguimiento consistente a los elementos juveniles, ya tenemos argumentos para evaluarlo.
Súmele usted que cada que perdía su declaración era “tengo muy poco tiempo trabajando con el equipo” y hoy ya suma un mes de vacaciones donde más allá de planear lo único que se ve son jugadores poco profesionales que se van al llano en lugar de cuidarse y un auxiliar técnico que anda pitando en la talacha gringa, pues es evidente que la calificación no puede ser positiva.
A título personal, yo le sumo que cuando le pregunté cara a cara sobre la ausencia de Francisco Tede, el día que la Federación lo citó a comparecer por amaño de partidos, Eugui optó por mentir y decir “tiene una consulta médica”, a hablar con la verdad y cuidar la integridad y su reputación como gente de fútbol de toda la vida, antes de exhibir a quien estaba perjudicando a su equipo, lo que después significó la defensa a ultranza de un grupo con grupos que realizaban actividades nocivas para el club.
En lo deportivo: cinco triunfos, tres empates y seis derrotas; su defensa estuvo en el top cinco de las más goleadas y aunque ilusionó con la calificación, terminó en la posición once y si comparamos con el torneo anterior, esto lo “logró” con tres refuerzos extranjeros.
¿Por qué el recuento? Porque mientras en Tampico festejan un pase a la final después de haber descendido, lograr un bicampeonato en segunda y regresar, Correcaminos sigue igual, vegetando y especulando a ver qué pasa el próximo torneo.
Porque mientras aquí no se le cuestionó y se le dio confianza a un técnico extranjero; allá en el sur se la jugaron y aguantaron a un talento local que hoy calla las bocas de aquellos que desconfiaron e hizo de la Jaiba Brava un equipo protagonista.
Claro, hubo quien levantó la voz, exigió y hoy reconoce. Aquí apenas se cuestiona situaciones aún más graves que la falta de funcionamiento y salen los de piel delgadita y hasta bots mandan pues hasta cobardes son para hacerlo de frente.
Ojalá que el campeonato de la Liga Premier no sea anécdota y haya acciones reales que permitan la proyección del talento juvenil.
Ojalá que ahora que Eugui termine sus vacaciones, haya acciones.

