Darío Vera/ La Expresión
“Papá, ven ayúdame…”, fueron las palabras que Kevin le dijo a su padre desde el teléfono del hombre que minutos antes lo había atropellado cuando regresaba en su bicicleta tras haber disfrutado de un helado con sus primos y tíos en el centro comercial GranD Hombres Ilustres.
Cuando eres niño, cualquier tarde se puede convertir en toda una aventura; tienes energía, imaginación, no hay malicia y haces de la calle tu patio de juegos… más aún cuando es la tarde de un viernes santo, tienes vacaciones y el día entero se puede tornar en una historia increíble.
Pero para Kevin Ramos Pérez se volvió una tragedia.
Cerca de las 5 de la tarde salió de su casa en la calle 19 de octubre en la colonia Magdaleno Aguilar para alcanzar a un familiar que acudía a realizar unas compras en la dulcería que se encuentra en el centro comercial GranD Hombres Ilustres.
Llegó a su destino, lo hizo tratando de correr el menos riesgo posible: presuntamente cruzo la avenida José Sulaimán a la altura de la gasolinera, frente a la fábrica de hielo y después recorrió las entre-calles de terracería que comunican hacia el bulevar Hombres Ilustres.
En GranD saludó a su tío Erick, comió un helado en la Sultana junto sus primos, mientras le pedía a otra de sus tías que se adelantara y que él posteriormente la alcanzaría.
Eran las 5:37 de la tarde, según recuerda su tía Abilene, cuando Kevin regresó por las calles empedradas de la vía Brígido Anaya donde, entre solares baldíos y unos cuantos lotes comerciales vivió el fatal accidente que terminó con su vida.
Fue en ese lugar cuando un vehículo pesado, propiedad de la empresa de paquetería Castores, con matrícula de Carga 18-AE-6I y número comercial 70061 lo atropelló.
Los agentes allegados a la investigación explicaron que el chofer circulaba por el carril lateral de la avenida José Sulaimán, dió vuelta sobre la calle Francisco Villa y posiblemente distraído por el uso de celular, no se percató que sobre la calle Brígido Anaya circulaba Kevin a bordo de su bicicleta, por lo que le pasó por encima mutilando su pierna izquierda y presuntamente dañando órganos vitales, para provocar también una hemorragia interna.
El chofer no se dio cuenta de lo que había sucedido, por lo que lo arrastró hasta la parte posterior de la bodega de la empresa Castores, que está sobre la avenida Hombres Ilustres.
Invadido por el pánico, el chofer saca a Kevin de entre las llantas y desangrando, lo subió a la cabina del tráiler.
Minutos más tarde, Kevin aún consciente le llama a su padre, cuando le facilitan un celular.
“Papá ayúdame, me atropellaron… ven por mí”, alcanza a expresar Kevin a su padre, según la versión que ha dado a las autoridades su tío Erick.
La llamada se corta y en un segundo contacto, ahora el chofer confesaba haber atropellado a Kevin por lo que le daba a la familia la ubicación de las instalaciones de la empresa Castores.
A su llegada lo vieron en la cabina del camión.
Con la misma fuerza que lo caracterizaba en la cancha de basquetbol, Kevin se aferraba a la vida.
“Agua, agua”, alcanzó a decir, al oírlo hablar le devolvió la esperanza a su tío Erick.
“Lo levanté, lo cargué y nos fuimos al hospital infantil”, señala.
El traslado fue a bordo del automóvil de su tío hacia el Hospital Infantil, en donde lamentablemente a las 8:16 de la mañana de este sábado de gloria falleció.

