La fiesta del 20

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Maremágnum
Mario Vargas Suárez

Pudieran culpar a la Pandemia del COVID-19 de todos los estragos que la humanidad hemos vivido durante los últimos dos años, pero la proliferación del virus asiático no ha sido el culpable del fin de la Fiesta del 20, que por muchos años se vivió por los habitantes y visitantes ocasionales a la capital del estado.
Me refiero a la Fiesta popular del 20 de noviembre, donde la alegría infantil y juvenil era organizada por los profesores, principalmente de educación física y de danza, contagiando de alegría musical y artística el desfile no solo por las calles de la capital cueruda, sino del Magno Festival del 20, teniendo como escenario el Estadio Olímpico Marte R. Gómez.
Generalmente pasando la celebración del Día de los Muertos, las escuelas de todos los niveles escolares, salían a las calles más amplias, con menos tráfico, para que los alumnos practicaran los ejercicios calixtécnicos sobre la marcha, ya al ritmo de la música o del paso marcial de la banda de guerra.
Muchas veces el enojo de los automovilistas por las desviaciones o la interrupción del tráfico o la vialidad, por los ensayos escolares que se hacían lo mismo en la mañana que por la tarde, incluso interrumpiendo el desarrollo del Plan de Estudios que señala la Secretaría de Educación Pública.
Por cierto, los festejos de la Revolución Mexicana anuales siempre fueron determinados por el Gobierno del Estado, en coordinación con las autoridades municipales y desde luego las de educación. Dicho sea de paso… financiados por los padres de familia.
Pese a los pésimos lugares por los resultados que se dijo México alcanzó en educación en general, los festivales monumentales del Estadio y los desfiles majestuosos, los padres de familia gozaron las Fiestas del 20 de noviembre.
Seguramente los testigos de ésa historia recordamos los bailables monumentales cuando la cancha de fútbol del Estadio, se puede decir de cancha a cancha, era llenada por bailarines del folklore mexicano, con músicos en vivo y con sonidos finamente cuidados. Todo trabajado por docentes que nunca recibieron un bono o pago extraordinario por ese trabajo.
El Instituto Tamaulipeco de Capacitación para el Empleo, mejor conocido el ITACE, nacido como una escuela técnica con un perfil profesional de educación terminal, ingresando apenas con la educación secundaria, pero con un excelente prestigio de sus egresados, siempre cerraba el espectáculo del estadio.
Un detalle: El 20 de noviembre de todos los años era casi garantía la aparición del frío, del frío helado, con esa onda gélida que trae los vientos del norte y los espectáculos de admiración, cuando las chicas estudiantes para educadoras hacían sus bailes en leotardos, sin suéter, capas o algo que les cubriera el cuerpo del frío invernal.
El regocijo, la felicidad de los padres de familia fue única, porque ver a sus hijos que no solo iban a la escuela para ampliar sus conocimientos, sino aprender ejercicios, movimientos artísticos, gracia… sobre todo, se lucían en un amiente ausente de política, color partidista o exhibicionismo malsano.
Pese a los muy buenos momentos, sabemos que todo lo que empieza tiene que terminar.
Quizá el inició de los festivales del 20 de noviembre fue una iniciativa política. Desconozco el dato. Pero fue de dominio popular que una decisión política terminó con estas celebraciones.
Puedo decir que los celos políticos fueron los causantes del fin. No se dice públicamente, pero en ¿otros? tiempos el gobernador del estado siempre fue determinante en muchos rubros y resultó que un presidente municipal de un color diferente, resultó mucho más popular que el gober, quien parecía gozaba con humillar a todo mundo.
Fue tan soberbio el personaje, que sabiendo que asistía a una ceremonia formal, mientras todos iban de traje y corbata, el señor asistía de sombrero texano, camisa vaquera, pantalón de mezclilla y botas, como si recién llegara del rancho. No fueron pocas las ocasiones de esta grosería.
El Festival del Estadio fue un escenario donde la gente aplaudió más a un Alcalde que a ése gobernador, hecho que no fue muy del agrado del ejecutivo y para el año siguiente, los organizadores ni se asomaron por las escuelas.
Los festivales del 20 de noviembre murieron y no ha habido gobierno que los reviva y seguramente menos, cuando se exhibió lo precaria de la educación en México, según los resultados publicados por la OCD.
Termino preguntando este 2021: Si oficialmente la Revolución Mexicana empieza el 20 de noviembre de 1910 ¿Cuándo concluye?