México invadido

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Maremágnum
Mario Vargas Suárez

UNO. Antes de iniciar el comentario central de hoy, le digo que los simpatizantes de la 4ª T en Tamaulipas, brincan en un pie cuando se enteraron que la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación desechó por unanimidad la Controversia Constitucional, promovida por el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca que trataba de anular la orden de aprensión en su contra.
La razón que encontraron los ministros de esta Sala fue la extemporaneidad, pues el recurso llegó un día más tarde que el señalado por la Ley. Sin embargo, aún existen tres Controversias Constitucionales en la materia, una interpuesta por el Senado de la República, otra por la Fiscalía General de la República y finalmente, una por el Congreso de Tamaulipas.
En este tema le comento que el tema central es la interpretación del artículo 111 de la Constitución, ya que no es claro de sobre los congresos locales con respecto a la decisión de desaforar a un servidor público por parte de la Cámara de Diputados Federal.
Vale la pregunta ¿Tamaulipas invadido… según el Art. 111 Constitucional?
DOS. Dejando el tema del gobernador de Tamaulipas, la historia de todos los países seguramente tiene registros de diversas invasiones desde grupos violentos hasta movimientos culturales que de una u otra forma modifican el estatus original de una nación.
Los fenómenos socioculturales que se generan por una o varias invasiones, terminan confundiendo a los nativos que, con el tiempo, sienten como propio su presente, aunque la verdad, algunos extremistas viven renegando de los invasores y gozan la herencia que nos dejaron, como en la 4ª T, que se quejan de la invasión española y el Ejecutivo Federal vive en la construcción hecha por Don Hernán Cortes.
En este espacio hoy, he de referirme a la muy lamentable invasión de extranjeros que, en los últimos tres años, se ha fomentado desde el Palacio Nacional en México a favor de centro y sudamericanos, además de africanos que ingresen por cualquier medio a tierras aztecas, so pretexto de llegar a Gringolandia.
El México invadido que ahora vivimos no son hechos aislados como en otros tiempos cuando en pequeñísimos grupos no mayores de una veintena, según datos periodísticos, ingresaban a los E. U., provocando la aparición de una nueva forma de delinquir con los ‘polleros’.
La historia que registran los periódicos sobre este delito es que Los Polleros a cambio de dinero (generalmente en dólares) burlan la guardia migratoria en la línea fronteriza para pasar indocumentados, lo mismo por el Río Bravo, que por el desierto.
En este México Invadido en su frontera sur, trimestralmente ingresan miles de indocumentados provenientes de Guatemala, Honduras, Costa Rica, Cuba, Haití, Salvador, Nicaragua, Venezuela y África. Por más que el gobierno mexicano ‘intenta persuadirlos’ para legalizar su paso por estas tierras aztecas, pareciera que las puertas del México de 4ª se abren de par en par incondicionalmente.
El Ejército Mexicano, La Marina, la Policía Nacional o cualquier fuerza policiaca estatal o municipal, han sido incapaces para defender la soberanía de las instituciones del país, cuando las imagines de la televisión nos muestran cómo somos invadidos por la fuerza, sin armas utilizando a mujeres, niños y ancianos como escudos .
El colmo ha sido esta primera semana de noviembre, cuando en tierras chiapanecas hubo un enfrentamiento a eso de las ocho de la mañana del jueves 4, en el tramo carretero que une a las poblaciones de Pijijiapan y Tonalá, entre invasores y la Policía Federal que intentó implementar un operativo que detuviera a los indocumentados.
Las imágenes son fuertes al ver en los videos cómo los extranjeros (hombres y mujeres) golpean salvajemente a elementos de la Policía Nacional que intentaron detenerlos. Por desgracia sus propios compañeros no intentaron rescatarlos, las razones son obvias.
Irónicamente pareciera que los elementos de las Fuerzas Armadas Mexicanas tienen como consigna única, aquel Programa Federal del presidente Manuel López: “Abrazos… no balazos” por lo que tuvieron que huir (correr) de la turba extranjera que se molestó porque les impedían el libre acceso.
Patadas, ganchos al hígado, golpes a puño cerrado en el rostro y todo el cuerpo, así como piedrazos y garrotazos fue lo que abundó contra los cuerpos de vigilancia policial de México.
Pobre México nuestro, que en esta administración presidencial ha soportado no solo la burla de luchar contra la corrupción, también tenemos la invasión del territorio nacional que, con pretexto de llegar a los Estados Unidos, se han ido quedando a lo largo y ancho de este vejado México.