Ya no te quiero por viejo…ya no funcionas

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Rosa Elena González


Nada en esta vida es para siempre, definitivamente todos los ciclos se cierran un día, todo por servir se acaba y acaba por no servir, ahí es cuando se tienen que buscar nuevas opciones, nuevas emociones, porque muchas veces aquello que en cierta ocasión te lleno de emoción ya cumplió su función, irremediablemente todo acaba.   
  
Tú y yo vivimos muchos momentos juntos, compartiste conmigo angustias, sueños, deseos, alegrías y tristezas. Fuiste mi cómplice, supiste de mis secretos, emociones e ilusiones, cada día me despertaba contigo y el tiempo fue nuestro testigo.   
 
¿Cuántas veces escuche el susurro en mi oído?, perdí la cuenta… seguramente por eso a pesar de los pesares quería conservarte, te necesitaba conmigo, me empeñe incluso en cambiarte pero conservando tu corazón, tu esencia, tu cerebro y tu razón, pero todo llega a su fin, y tú… comenzaste a fallarme, me fallaste tanto que hubo momentos de desesperación que hasta llegue a golpearte, lo reconozco, te maltrate, insulte y por días te abandone, pero siempre regresaba a ti, porque sin ti me sentía sola, vacía, era esclava de tu compañía.  
 
No hay nada peor que tu silencio en una noche solitaria, cuando urge escuchar la voz del ser amado para estar tranquila, y tú me fallaste cuando más te necesite, permitiendo que la intranquilidad se adueñara de mi espacio, de mi mente y de mi ser.  
 
Hoy he decidido dejarte, tu recuerdo quedara guardado en un cajón cualquiera, tu presencia ya no me hace falta, comenzare a olvidarte…  
 
Te dejo porque ya no me conecto contigo, has perdido el encanto, no inspiras ni motivas, son muchas tus fayas, o quizá simplemente ya no me agradas, anoche ya no me cumpliste, ni siquiera fuiste capaz de fotografiar esos momentos que juntos disfrutamos, por eso y muchas cosas más no volveré a tocarte, estoy decidida a dejarte.  
 
Tu lugar estará ocupado con un joven, bonito y bastante funcional, que discreto será mi compañero, él hará lo que tú te negabas hacer en los últimos meses, a él es a quien hoy necesito conmigo, tenerlo cerca me da tranquilidad. Además necesito saber que estará siempre para cumplir mis deseos, sé que me llenara de alegría y en momentos de verdades, mentiras y te quieros, me brindara su melodía.  
 
Nada en esta vida es indispensable, todo puede ser reemplazable, las cosas que dejan de funcionar se tiran a la basura, si fueron complacientes se conserva el recuerdo y hasta se le dedican unas líneas, como yo lo hago contigo, porque te quise, te necesite y disfrute.  
 
Pero lo único que me reconforta es que no soy la única que ha vivido esa situación, nadie puede negar que hoy en día todos nos estamos convirtiendo en esclavos de la tecnología, del teléfono celular, y cuando no lo tenemos cerca desesperamos como si fuera de vida o muerte.  
Los celulares son como amores de verano, unos más duraderos que otros, todos cumplen su ciclo y es preferible cambiarlos que seguir atados a algo inservible que ya no responde y no cumple las expectativas.  
Cuando comienzan a fallar los remplazamos porque se requiere tener un fiel cómplice, testigo de nuestra vida diaria y al que dejamos le quitamos el corazón y borramos su memoria para que nadie sepa nuestros secretos, confesiones y pasiones.  
La tecnología se moderniza y cada vez aparecen nuevos celulares, con todas las funciones y el equipo viejo queda guardado en un cajón o termina en el basurero municipal, con su cuerpo despedazado, sin el corazón, sin el cerebro y ya sin función.