Ballenas llegan en cifra récord a la Patagonia argentina

Contabilizan 788 ejemplares este año en la ensenada de El Doradillo

Han procreado, jugado con sus crías y encantado a miles de turistas a escasos metros de la costa, pero el tiempo de volver a la Antártica se acerca para las ballenas francas australes que según grupos de conservación llegaron a la Patagonia argentina en números sin precedentes.

El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) informó que este año contabilizó 788 ejemplares en la pequeña ensenada de El Doradillo, la cifra más alta desde que comenzó a registrar la presencia de los cetáceos en 1971.

Imágenes recientes filmadas por The Associated Press muestran a varias ballenas adultas que nadan con sus crías cerca de la costa de esta localidad.

La ensenada de El Doradillo, en la costa atlántica argentina, es uno de los pocos lugares en el planeta donde las ballenas se pueden ver desde la orilla, lo que atrae a turistas que esperan tener una vista única de los majestuosos mamíferos.

Cada año las ballenas francas australes migran de sus heladas zonas de alimentación frente a la Antártica a climas más cálidos. Muchas llegan a El Doradillo, ubicado en la costa del Golfo Nuevo en la provincia de Chubut.

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La mayoría de los nacimientos ocurre entre julio y agosto, aunque el periodo de avistamiento en el área se extiende desde abril hasta diciembre, según el ICB.

“Lo llamativo esta vez fue que los últimos dos años hubo menos ballenas”, dijo Mariano Sironi, científico y director del ICB, que trabaja en coordinación con el estadounidense Ocean Alliance.

Los turistas pueden ver cómo las ballenas, algunas de ellas más grandes que los propios barcos de observación, asoman del agua y nadan a su lado.

“Este año hemos tenido el gran placer de recibir un gran número de ballenas” dijo el guarda parques Roberto Bubas, quien aseguró que nacieron unas 300 crías.

En 2008, la provincia de Chubut aprobó una ley que regular el avistamiento y que fue elaborada conjuntamente por autoridades, empresas turísticas, universidades, investigadores y organizaciones civiles para minimizar el impacto que la presencia de visitantes podría causar en los cetáceos y su hábitat, explicó Sironi.

Las ballenas francas australes, una especie clasificada como “de preocupación menor” por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, pueden alcanzar los 18 metros de largo y pesar hasta 60 toneladas.

“Paralelo al incremento del número de ballenas que viene cada año a esta importante área de cría, obviamente también hay un incremento de los turistas que llegan a la zona. Las medidas de protección de la provincia son buenas porque se produce una armonía entre las dos especies: la especie humana y la ballena franca austral”, dijo Bubas.

Fuente: El Informdor

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