El ejército de niños embrujados que azota el Congo

Personas quemadas vivas. Decapitaciones y amputaciones. Ejecuciones extrajudiciales. Brujería. Limpieza étnica. Estos son los algunos de los ingredientes del último estallido de violencia en la República Democrática del Congo, el coloso de África Central al que la paz parece eludir eternamente. Un conflicto político con ribetes de hechicería que ha acabado convirtiéndose en un enfrentamiento étnico con la ayuda de los servicios de inteligencia congoleños.

La milicia Kamuina Nsapu lleva un año agitando la región de Kasai Central, que va desde el centro del país a la frontera suroeste con Angola, con brutales ataques contra individuos y símbolos vinculados al estado. Trinidad Deiros ha descrito magistralmente en El Confidencial los orígenes de esta rebelión, iniciada por un jefe tribal llamado Jean-Pierre Pandi, que fue abatido por la policía en agosto del año pasado. Pero su muerte, en lugar de apagar la insurrección, la alimentó. La respuesta de las autoridades solo ha servido para empeorar una situación que se ha cobrado ya al menos 500 muertos desde el último verano, según la ONU, o unos 3.300, de acuerdo con la Iglesia Católica.

Ahora, la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (OHCHR) ha publicado un informe de 21 páginas que es, hasta la fecha, el mejor documento sobre lo que está sucediendo en esta parte del país. “En esta crisis no hay buenos y malos”, declaró el jefe de la institución para África Central y Occidental, Scott Campbell, al presentar el informe en Ginebra el pasado 4 de agosto. Entre otras cosas, porque muchos de los perpetradores de estas atrocidades son niños enrolados en la milicia Kamuina Nsapu, donde son retenidos mediante prácticas de brujería.

“Una gran mayoría de los elementos de Kamuina Nsapu son menores (chicos y chicas), algunos de hasta 7 años”, afirma el informe, realizado a partir de numerosas entrevistas con refugiados en la vecina Angola. Entre otras cosas, la misión del OHCHR ha documentado casos de “niñas bebiendo la sangre de las víctimas como parte de un ritual mágico que supuestamente iba a hacer invencible al grupo”.

“La hechicería es reportada en las entrevistas como un elemento fundamental de los ataques de los Kamuina Nsapu. Los hombres, mujeres y niños reclutados por la milicia son convencidos de que sus rituales mágicos les impiden morir en combate”, explican los investigadores de Naciones Unidas. “Cuando los Kamuina Nsapu ejecutan a alguien, normalmente en público, frecuentemente decapitan el cuerpo, llevándose la cabeza supuestamente para exponerla en el ‘Tshota’, que significa el ‘fuego sagrado’ en lengua tchiluba”, comentan.

“¡Esta tierra es nuestra!”

Y la brutalidad funcionan, en la medida en la que gran parte de la población cree en el poder sobrenatural de estos actos. “Los refugiados entrevistados por el equipo aseguraron que estaban convencidos de que los Kamuina Nsapu tienen poderes mágicos”, indica el informe. “Esta creencia generalizada y el miedo que despierta en sectores de la población de Kasai podría explicar parcialmente por qué una milicia pobremente armada, compuesta en gran medida de niños, ha sido capaz de resistir ofensivas de un ejército entrenado durante más de un año”, apunta.

Los ataques de este grupo, desde luego, son terroríficos: según los testigos, normalmente entre 15 y 60 miembros rodean asaltan aldeas, armados con machetes, palos y rifles de caza, y en algunos casos con armas semiautomáticas robadas a las fuerzas de seguridad. Algunos testigos aseguran haber visto a los Kamuina Nsapu en mitad de un ataque recogiendo arena del suelo y arrojándola al aire, mientras gritan: “¡Esta tierra es nuestra!”

“Si son descubiertos, los miembros de las fuerzas de seguridad y los empleados del estado son públicamente ejecutados y posteriormente decapitados, y se llevan sus cabezas”, indica el informe, que reporta varios casos de agentes de policía con la garganta cortada y cuyos cuerpos, en algunos casos, fueron quemados posteriormente. “Kamuina Nsapu también persigue a toda persona implicada en hechicería que teman que pueda ser usada contra ellos, y los ejecuta públicamente”, señala también.

Ante estas atrocidades, algunos pueblos organizaron su propia milicia, llamada Bana Mura, que ha contado con el respaldo de las autoridades. El problema es que, dado que casi todos los miembros de Kamuina Nsapu proceden de las comunidades Luba y Lulua y los Bana Maura de las rivales Tshowke, Pende y Tetela, un problema de origen político se ha convertido en una guerra tribal. Y muchos inocentes están pagando por ello: la ONU considera probado que los Bana Mura están atacando aldeas Luba y Lulua y masacrando a todos sus habitantes, con la complicidad de las fuerzas de seguridad del Gobierno congoleño. El informe incluye terribles imágenes y testimonios de refugiados mutilados a machetazos en estos ataques, y documenta también violaciones, ejecuciones sumarias, saqueos y destrucción de propiedades. En muchos casos, las víctimas fueron quemadas vivas en sus casas.

Si a esto le sumamos los abusos y asesinatos cometidos por las propias fuerzas de seguridad -también investigados y reseñados en el documento de Naciones Unidas- tenemos ante nosotros un desagradable panorama en Kasai, muy difícil de solucionar, dado que el propio Estado es parte del problema. El hallazgo de al menos 80 fosas comunes en la región, a menudo repletas de cuerpos de sospechosos de ser miembros o simpatizantes de Kamuina Nsapu, da una idea del alcance de la ‘guerra sucia’ que se está llevando a cabo en esta parte del Congo. Y en esta ocasión, vistos los elementos que la conforman, el adjetivo ‘sucia’ es más adecuado que nunca.

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